El debate de los móviles en la educación genera posiciones antagónicas que reflejan la complejidad de su uso educativo. Hay muchos argumentos a favor, pero también dudas, inseguridad, e incompetencia. A pesar de las dificultades que puede entrañar para los profesores, muchos se inclinan por el uso del móvil en las aulas para la formación digital, el acceso al conocimiento, y para aprender a usarlo oportuna y educadamente. Todo esto sin que interfiera en otras formas de aprender, comunicar, crear y desarrollar la sociabilidad. Otros sin embargo piensan que es negativo usar el móvil en la educación primaria. En ciertos colegios de Silicon Valley evitan  las pantallas hasta la secundaria  para no “matar” la creatividad y las emociones del aprendizaje. En Francia se prohiben los móviles en las aulas. En Catalunya la mitad de las escuelas lo tienen prohibido, mientras que el Consell Escolar recomienda su uso.

La Transformación Digital de la sociedad es también clave en la Educación. Y ante las posiciones antagónicas, ¿no será que por la dificultad de encontrar la proporción y las metodologías adecuadas optamos por posiciones radicales para disimular nuestra incompetencia? Seguramente la solución está en la preparación profesional del profesorado y los criterios y recomendaciones institucionales para aprehender lo Digital: que las pantallas no sólo sean motivo de regulación de su uso privado, sino también un instrumento de aprendizaje incentivador de la creatividad y la investigación.

No hacer de la escuela un mundo utópico libre de pantallas, ni inundarla con ellas: el reto está en la formación digital del profesorado y los proyectos educativos que desarrollen las comunidades escolares. Y como padres, no esperemos que la escuela resuelva todo. La educación empieza en la familia, esto es, establecer normas y acompañamiento en el uso de pantallas también en casa.